El mundo feliz de Huxley.

El mundo feliz de Huxley.

 

Autor: Omar Lavalle.

Muchos análisis se han hecho de esta novela. Ha sido objeto de infinitas interpretaciones, sin embargo, hay elementos que no pueden variar. Uno de ellos es que Huxley vislumbró una sociedad perfectamente equilibrada, sin problemas y mecanizada.

En “Un Mundo Feliz” las interrogativas surgen a medida que se avanza en la lectura. Es un mundo donde todo está preestablecido. Existe un equilibrio “terrorífico”. La estructura familiar desaparece y con ello las expresiones y emociones que no “permitían” el avance tecnológico y social.

Los ciudadanos creen en una divinidad representada por Henry Ford. Frases como: “oh Ford” hacen alusión a un “oh Dios”.

Se utiliza la palabra “distopía” para describir esta sociedad futurista, donde hombres y mujeres son creados por medio de inseminación artificial. Pero, ¿no buscaba hablar Huxley de una utopía? Una sociedad perfecta debería ser una utopía y los directores de este mundo querían que todo fluyera perfectamente.

¿La realidad se asemeja a la propuesta de sociedad de Huxley? La respuesta tiene un amplio margen. Los ejemplos del sistema de castas de la India y del sistema novohispano, no difieren mucho del utilizado por los directores de cultivo y de tecnología.

Nacer en la sociedad fordiana significa ser etiquetado desde el inicio como Alfa, Beta, Gamma, Delta o Épsilon. Dependiendo tu grupo, serán tus rasgos físicos, el tipo de trabajo que desempeñaras y la influencia que tendrás en la sociedad.

Eliminar la cultura, la poesía, la expresión artística, el amor, significaría para muchos un sacrilegio. Este hecho perturbaba la mente de Bernard Marx, un Alfa que no se dejaba llevar por los mandatos a través de la hipnopedia (aprendizaje a través del sueño) quizá esta, nos llega a nosotros de manera directa, porque el bombardeo de noticias e información que hay en redes sociales puede cambiar la mentalidad no solo de individuo, sino de todo un grupo particular de personas.

Si bien la guerra y la pobreza se han anulado, los ciudadanos viven en un libertinaje perturbador. Hay una libertad sexual sin tapujos y sin represiones sociales, inclusive se percibe mal a quien se enamora, como Lenina Crowne de “El salvaje”, un personaje nacido  mediante una relación sexual y que conocía a Dios y a los sentimientos, porque no vivía en el mundo civilizado.

Los directores lo veían como un animal de laboratorio que debía observarse.“El salvaje” fue producto del amorío entre su madre, Linda y un director del centro de incubación. Descubrió la poesía de Shakespeare y atormentado por sus pensamientos y sufriendo por la muerte de su madre termina suicidándose.

Reunir todas estas temáticas en una obra no es fácil. Huxley aglutinó todo un tratado económico, social y político, con el marco futurista y de ciencia ficción que caracterizan la obra. Los escenarios y el ambiente no son difíciles de imaginarlos actualmente. Huxley no falló en su percepción sobre ciertos aspectos a los que podría llegar el hombre, como el uso de helicópteros como medio de transporte común.

Eliminar la familia, el amor, la religión, que son pilares fundamentales de nuestro acontecer diario, le dieron al “mundo civilizado” de Huxley una estabilidad que no llevaba a ningún lugar; sin errores, sin miedos, sin penas,todo se resumía en vivir y solo vivir, como un ejercicio mecánico. ¿Dónde quedan los anhelos, sueños y frustraciones?

Huxley no erró en aproximarse a una posible realidad. Hoy, hay elementos que antes se consideraban “sagrados” y actualmente desaparecen poco a poco. La familia, considerado el núcleo de la sociedad, ya no tiene la misma importancia que antes se profesaba en muchos lugares.

El soma, la droga que utilizan para salvarse de cualquier posible sentimiento, es el escape constante y perfecto. Como el uso de drogas que nos evitan palpar la realidad, o medicamentos como los ansiolíticos y antidepresivos, que aumentan sus ventas radicalmente debido al número de individuos que se sienten prisioneros por entes materiales y por la artificialidad en la que estamos inmersos.

Si este es el mundo perfecto, imaginarlo triste y gris, me resulta difícil. Aunque el título es satírico y el adjetivo contradice su final, con el amargo desenlace de John “El Salvaje”, resulta fascinante encontrar en este equilibrio, en esta felicidad: amargura, tristeza, libertinaje y soledad.

Si eliminar mucho de los elementos que conforman la vida del hombre salvó a la sociedad, quizá sea mejor salvar a este de la perfección, de las utopías, de lo que no es real.

Una sociedad sin errores no es sociedad. El hombre necesita alimentarse del fracaso para entender el éxito, sino el resultado es esta monotonía gris y áspera, que “Un Mundo Feliz” expone con un disfraz de benevolencia.

 

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