En los Brazos de un Ángel

En los Brazos de un Ángel

Por: Mary Carmen Saldivar Sillas

De Madrugada…

Hoy me dio por escribir un cuento,  no soy por mucho experta en el tema,  ni en cuento ni mucho menos en poesía; pero esta frase de Gabito hoy por la mañana,  justo en una escena muy parecida a la que relato a continuación, me dio alas para intentar una bonita  (aunque pueda parecer triste y dura)  historia sobre un diminuto ronroneador en desventaja frente a la vida y sus hermanos; pero acogido con el inigualable amor de un ser de otro mundo, justo bajo sus alas y entre sus brazos…

“En los brazos de un Ángel”

‘Humilde y pequeñito,  casi al ras del suelo y medio oculto por la vegetación a su alrededor, coronando la fuente de piedra con su tinaja de agua fresca y cristalina,  se encuentra la figura de un angelito niño, regordete con carita pícara y sonrisa de travesura…

Diminutas bolas de pelos blancas, miel y hasta rayados como tigrillos bebés suelen jugar a sus pies, chapotean en las mañanas bajo el sol abrasador de fines de mayo rodando sin cesar unos  con otros abrazados; nacieron hace un par de meses al llegar la primavera…

Acurrucado en sus fríos brazos de mármol se encuentra el más pequeño de los hermanos peludos,  un minino negro como el ébano,  sus ojitos color verde Jade miran ciegos hacía el barullo que sus revoltosos compañeros de camada organizaban a pocos centímetros…

Su agotada mami parece no prestarles mucha atención,  esta recostada sobre el verde pasto a un par de metros dormitando; solo una rendija de su amarilla mirada no pierde detalle de sus cachorros; principalmente del más pequeño de todos inmóvil en el querubín…

Es un gatito dulce y cariñoso, una contrariedad que las hipnotizantes canicas de sus cuencas hubieran nacido con esa tela transparente que obstaculizaba su mirada; ella trabajará doble con él para enseñarle a cazar y sobrevivir con tan solo el sensor de sus alargados bigotes…

El silencioso remedo de pantera no parece  echar en falta su sentido vital, de una forma natural sus patas son las más sigilosas,  los orificios en sus puntiagudas orejas los más atentos y los dieciséis pares de antenas a cada lado de su nariz de corazón, ¡¡radares perfectos!!

En el calor del medio día se hace una pelotita en los brazos del Ángel sin perder detalle del escándalo de sus estruendosos compañeros,  pero seguro de la protección cálida que ese ser alado y frio guardaba solo para él; ahí en el abrazo de la roca él era el más querido…’

Mary Carmen S. S. 

¿¿ Qué más se puede pedir con semejante muestra de preferencia y amor incondicional ??

Sí,  ojalá todos los mininos solos y enfermos en el mundo,  todos los perritos pulgosos, con hambre y miedo de todas las calles del planeta, puedan descansar en los brazos de un angelito sin temores su soledad inmerecida,  asfixiante y sobrecogedora desde que sus sentidos se abrieron a la realidad que la vida como agua helada tuvo para ellos…

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