Fe y constancia de nuestro paso por aquí

Fe y constancia de nuestro paso por aquí

Por: Mary Carmen Saldivar Sillas

De Madrugada…

Me encontré un post de esos tan de moda en los tiempos que vivimos que era un tanto en respuesta a esos otros que exhortan a la soledad y la autosuficiencia; lo cual por supuesto no es malo, al contrario,  uno definitivamente debe aceptar y sentirse bien estando con uno como única compañía en determinados momentos y circunstancias; creo que es la mejor manera de estar bien con los demás y compartir lo mejor de nosotros; sea cual sea la relación que podamos tener con esos demás; decía algo más o menos así:

“Deja de decir que no necesitas a nadie, a veces necesitamos alguien que nos apapache, nos diga lo especial y brillante que somos; que por las mañanas nos haga sentir hermosas o guapos aún sin maquillaje o despeinados; que pueda llorar con nosotros y que a la vez nos haga fuertes cuando sea necesario…”

Y bueno,  yo me permití apoyar el post enseguida de leer varios comentarios en el sentido de  ‘más vale solo que mal acompañado,  yo me prefiero a mí que tener que aguantar a alguien más,  es mejor y más divertido solo,  no necesito de nadie,  yo soy más feliz conmigo misma que con un tipo, siempre es mejor solo’ etc. etc. Mi comentario al respecto:

“Cierto,  la gente que se dice autosuficiente moral, anímica,  psicológica, afectiva, emocional, familiar y económicamente y que no necesita de nadie porque sola es totalmente feliz y se provee de esas necesidades,  creo que pueda tener alguna patología psíquica; forzosamente en alguno de estos ámbitos se requiere compañía y compartir …”

En ningún momento hablé de pareja ni está cerrado a relaciones amorosas o sexuales,  habla simplemente de compañías,  de la necesidad de vivir en sociedad,  desde el pequeño pero sumamente importante núcleo de la misma, que afortunadamente sigue siendo la familia, hasta asociaciones de vecinos, estudiantes,  sindicatos, por compartir aficiones o preferencias deportivas; hasta agrupaciones en redes sociales  -que no son lo mejor,  pero de alguna manera propician la conversación-  por hacer comunidad y tener los beneficios que vivir en sociedades nos pueden reportar a todos; me parece un exceso de soberbia decir que en todos los aspectos de la vida somos autosuficientes solos y para acabar pronto así se está mejor; dicen por ahí  “dime de qué presumes y te diré de qué careces”…

Es obvio que infinidad de cosas en la vida es necesario que las hagamos solos, nos otorga madurez y crecimiento,  confianza y aprendizaje de todo tipo,  también sí, la tan cacareada autonomía e independencia; todo eso es bueno y necesario y la libre decisión de cada persona por hacer mucho de eso que se puede hacer en soledad con testigos y compañeros de vida o de un tramo de nuestra trayectoria, también nos hace más grandes y le inyecta enormes dosis de diversión y alegría al camino…

Ayer justamente un muy metiche prestador de servicios  (el carpintero)  me comentó con desparpajo  “usted siempre anda sola, ¿¿verdad??” … no sé si reír o enojarme por la intromisión jaja tal vez fue genuina  “cortesía” nada más, pero bueno un ejemplo claro e intrascendente de lo necesario que es saber hacer cosas en solitario,  pero lo infinitamente más divertido y motivante que pueda ser hacer las mismas en compañía…

Yo no tuve la fortuna en mi destino de contar con un hermano o hermana,  mi equipaje venía sin ninguno de esos seres que comparten la vida desde la cuna y con los que se pelea hasta el cansancio,  pero por los que se daría la vida de ser necesario y con quienes se ha vivido lo mejor y lo peor que en equipaje le haya tocado a cada uno;  ¿¿ cómo lo sé si no tuve esa gracia ?? Tal vez precisamente por no tenerlos de nacimiento, pude hacer por buscarlos  -y encontrarlos más allá de agradecimiento posible-  en los compañeros que el destino puso en el sendero y sentir esos lazos de unión y fortaleza que solo ellos pueden dar y ser; de igual manera pude constatar como en sus propias vidas los hermanos constituyen uno de los lazos más fuertes y poderosos que existen…

Les comparto una anécdota que me hizo crecer -psicológicamente hablando-  muchísimo hace algunos años y que me otorgó un poco esa satisfacción de poder hacer actividades por mí misma y para mi nada más, pero igual la mmmm certeza de que hacerles en compañía es mucho más rico; como parte de un proceso terapéutico debí hacer varios ejercicios en solitario, eran básicamente dos los que me representaron mayor reto; ir a un restaurante,  ordenar y disfrutar un alimento sola e ir a una sala de cine e igualmente entrar y disfrutar una proyección en mí única compañía… ambas experiencias las pude hacer, fue difícil sí,  sobre todo ir al cine jeje me armé de valor y con palomitas,  coca light y toda mi determinación ocupé una butaca con la pared a mi espalda y la primera de la fila   (no se si creí que de no poder soportarlo esa ubicación representaba mi más rápida ruta de escape jaja)  pude disfrutar la cinta y prueba superada fiu; el restaurante a pesar de ser a plena luz del día y  ‘expuesta’  a miradas curiosas o mal intencionadas fue más sencillo y comí en mi única y entretenida compañía, en este caso si se han presentado creo muchas ocasiones para repetirlo y no representa -después de esa primera vez-  mayor conflicto…

Ambos sucesos representan claramente eso de que por supuesto que se puede y es necesario por nuestro propio bienestar y madurez hacer cosas por y para nosotros mismos, y la decisión de compartir con alguien es también una introspección necesaria; a la determinación que se llegue debe satisfacer nuestros ideales,  hacer por nuestro bienestar y dar y darnos la oportunidad de vivir momentos en compañía; la vida   -la de cada quien-  siempre será mejor con momentos compartidos y testigos de nuestros pasos, pero sobre todo compañeros de las huellas que dejamos por aquí…

Una pérdida irreparable, una desafortunada racha difícil,  un muy lamentable accidente o enfermedad y los triunfos más deseados y los sueños mayormente acariciados se viven, ya sea padecidos o disfrutados,  siempre más y mejor en compañía  (de la que sea, la relación que represente) con los testigos de esos sucesos; quienes darán fe y constancia de nuestro paso por aquí…

Compartir siempre será mejor que acaparar para la soledad risas,  llantos,  conocimientos,  logros,  momentos…

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