La trascendencia de Miguel Ángel.

La trascendencia de Miguel Ángel.

 

Autor: Omar Lavalle.

Haber nacido en pleno Renacimiento hubiera significado apreciar directamente el arte, la creación, la creatividad transportada al mármol, al metal, a la pintura.

En 1984 Mirage Studios publica un cómic que se popularizó inmediatamente: Las Tortugas Ninja. Los nombres de los personajes llevan los mismos que los máximos representantes del Renacimiento: Leonardo, Donatello, Rafael y por supuesto Miguel Ángel, que utiliza una máscara color amarillo.

Entre 1497 y 1500, Miguel Ángel concluye “La Piedad”. En el siglo XV las calles de Roma, Venecia y Florencia fueron inspiración para el maestro de la escultura, pintura y arquitectura. En el siglo XX por medio de la televisión, Miguel Ángel, transformado en tortuga combatía el crimen en las calles de Nueva York. Aproximadamente 500 años después del nacimiento de Miguel Ángel en la Toscana, la televisión tomaba prestado su nombre. La influencia de Miguel Ángel se transportó a una índole totalmente diferente.

El “genio” plasmó el humanismo de manera multidisciplinaria. Este, fue un estilo de pensamiento, una creación del individualismo representado por cada aporte que otorgaban los artistas. No ha habido época en la historia de la humanidad, donde el arte tuviera el resplandor y la magnificencia que el Renacimiento donó como herencia universal.

La cantidad de obras de arte son incontables; podrían escribirse libros con una extensión enorme, y sería imposible englobar de manera concreta todo ese bagaje artístico. Las expresiones artísticas donde el hombre es el centro ocupan un lugar muy especial en esta época. Las cuestiones que buscaban los artistas era descifrar la importancia del hombre en el mundo, su lugar en el universo, y si la perfección es sinónimo de hombre. Miguel Ángel contestó estas interrogantes por medio de sus ya conocidas obras.

El humanismo es un movimiento que inclusive tiene una clasificación con el concepto renacentista. Retoma los clásicos griegos y se aleja de las tradiciones medievales. El hombre es el centro y Miguel Ángel cuando concluyó “El David” colocó de manera palpable este pensamiento.

En la Galería de la Academia en Florencia se encuentra este monumento al hombre y sin conocer nada de arte uno puede ver la perfección de sus músculos, la seriedad de su mirada, las líneas que marcan el abdomen y la textura del pelo. Este David que enfrentaría a Goliat, se muestra listo para luchar. Con una diferencia abrumadora al elaborado por Donatello, representa los conceptos referentes a la exaltación del hombre. Pareciera por momentos que “El David” cobra vida.

Los pasos de Miguel Ángel para formarse como artista tuvieron que ver con su infancia. Huérfano de madre a los seis años, su padre lo envió con un picapedrero, lugar donde Miguel Ángel tendría contacto directo con el material que le brindara amplio reconocimiento: el mármol.

Sus cuatro hermanos se decantaron por el comercio. Miguel Ángel en su infancia fue descrito como un niño inteligente, sensible pero también callado y terco. Su primer maestro fue Domenico Curradi mejor conocido como Ghirlandaio. El niño Miguel Ángel comenzaba su carrera como artista.

La importancia del mecenazgo en esa época radicaba en que los artistas se dedicarán exclusivamente a desarrollarse artísticamente hablando. Lorenzo de Medici fue el primer patrocinador de Miguel Ángel, quien por sus pinturas y frescos empezó a destacar entre sus compañeros del taller. Miguel Ángel fue considerado vanidoso, antisocial, taciturno y autoritario, sabía que su talento opacaba cualquier defecto, inclusive el hecho de dejar inconclusas algunas obras.

¡Que tan magnífico fue el Renacimiento! que Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y Rafael, fueron contemporáneos.

Leonardo vivía sumido en sus ideas, experimentos y estudios sobre diferentes temáticas, situación que propició un abandono de proyectos importantes o inclusive no terminar obras ya encargadas.

Miguel Ángel por otro lado era responsable con sus encargos. Una característica generalizada de sus obras es que algunos elementos se encuentran inacabados, como “La Batalla de los Centauros”. El motivo de esta peculiaridad es desconocida, pero su primer obra importante; “La Piedad” fue concluida. Había sido encargada para la tumba de un cardenal francés en Roma y ahora reposa en la basílica de San Pedro en el Vaticano. Obra religiosa que inspira devoción, compasión , ternura, inclusive dolor para los fieles que profesan el catolicismo.

Su trabajo en la tumba de Julio II ha sido exaltado como uno de los mejores, por la vivacidad y vigorosidad del “Moisés”.

La experiencia en pintura de Miguel Ángel se postra en la Capilla Sixtina. Hablar de este fresco es también hacer referencia al trabajo colaborativo que tuvo con Boticelli, Perugino, su maestro Ghirlandaio y Pinturicchio. Miguel Ángel se encargó de la Bóveda. En el fresco del “Juicio Universal”, se expresa la tragedia, el pecado y la búsqueda de la salvación, donde el bien y el mal se entrelazan.

Caminando por las calles de Roma y de Florencia, uno encuentra extractos de Miguel Ángel, de su vida, sus ideas, su sensibilidad, en la Capilla Paulina, en la Basílica de San Pedro, en su trabajo en el Palacio Farnesio y en el Campidoglio.

Muchas cosas se cuestionan de Miguel Ángel; sus problemas de personalidad, su sexualidad, su relación precaria con Leonardo, el recelo a su trabajo etc. Lo único que no se cuestiona es que el Renacimiento fue el lienzo para las obras bellas y trascendentes del gran Miguel Ángel Buonarroti.

 

 

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